Metal

Archive for March, 2010

El metal y la muerte del ego

by jairson on Mar.31, 2010, under Uncategorized

Mi parte predilecta de una ardua sesión de death metal es, sin duda, el descuartizamiento del ego, especialmente por el miedo que infunde a toda la humanidad. Burlarme de su mediocridad, de su culto al ego de la sociedad moderna, es de las actividades recreativas más productivas mentalmente. Mofarme en sus caras de su leitmotif, estandarte de la vulgaridad, me confiere un regocijo tan exquisito como el que experimentó Nerón al contemplar su ciudad ardiendo.
La masturbación del ego es una de las actividades predilectas del hombre moderno, y para curarse de dicha enfermedad hay una sencilla actividad trascendental que debe realizar: deben sus oídos experimentar las delicias de las formas más nihilistas del metal: el death metal y el black metal.

Después de que el Heavy Metal se extinguió al ser absorbido por su propia popularidad, y el Speed Metal evadió su cometido ablandando su postura y sonido para ser más popular, el metal subterráneo rugió con nihilismo puro: encarando la vida tal como es sin la idea de que a alguien o algo en el universo le importa si sobrevivimos colectiva o individualmente. Esto era ortodoxia desquitándose de la anti-ortodoxia, la cual siempre toma la forma de individuos prefiriendo evadir la realidad y vengándose así, pasivamente, de aquéllos suficientemente disciplinados para querer, dentro del consagrado método de supervivencia común para todas las criaturas, adaptarse a la realidad. En cuanto a superar  la anti-ortodoxia del individualismo, el metal underground se convirtió en el primer género musical popular listo para encarar la muerte del ego.

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La muerte del ego es un concepto que los psicodélicos y los monjes Zen descubrieron por igual. En él, las personas se dan cuenta de que son parte de un sistema gigantesco, y dejan de ver el mundo a través de sí mismas. Se ven a sí mismas en el mundo, pero ven el proceso mayor primero. La muerte del ego tiende a conducir a un estado trascendente donde uno ve toda la conciencia como un continuum, y se vuelve menos temeroso a m-o-r-i-r. La muerte del ego nos fuerza a ver la vida a través de un filtro superrealista, o dedicado a fundir a la gente en un momento de entendimiento de que lo que tocan y hacen es real y que necesitan tomar el control de sus propias mentes para sobrevivir. Se opone al pánico y la ilusión, la moral y el juicio social, el miedo y pensamientos placenteros inverosímiles.

Aquel slogan de Hellhammer, “Sólo la muerte es real”, que posteriormente iba a ser adoptado como el motivo del Death Metal, conducía a la muerte del ego: no importa cuán grande o importante crees que sois, la muerte es más real que tus visiones y tus pajas mentales, así que debes aceptar la nada. Aceptar la nada es hacer a un lado las partes enfermizas del ego y darle contexto, de modo que éste sea una fuerza motivacional, pero sólo una entre millones en un planeta. Ver sólo a la muerte como real es preguntarse qué más puede serlo. La respuesta está justo delante de vuestras narices: el mundo es real y es un continuum que se renueva a sí mismo, por lo que vale la pena trabajar por él. Si os gusta la vida, trabajáis para mejorarla. Si la odiáis, negaréis la realidad del mundo e iréis más allá dentro del ser y sus deseos (por lo general caprichos), lo que jamás ha funcionado para hacer a alguien feliz no importa qué tan estúpido sea.

Somos criaturas sociales, y el porqué es tan matemáticamente lógico como la colaboración de las partes de un programa de computadora. Todos somos del mismo objeto y queremos ponerle de nuestra parte, que incluye la naturaleza y nuestros prójimos, y si nos gusta estar vivos, queremos hacer lo mejor no sólo para nosotros o la humanidad sino para el objeto entero (humanismo ingenuo vs vitalismo). Lo que una corriente de interesantes pensamientos “Sólo la muerte es real” puede desatar, en parte porque nuestra sociedad hace todo lo que puede para negar la realidad de la muerte.

Cuando miramos al Metal con estos ojos abiertos, el sonido, imaginería y las letras son mucho menos aleatorios. La distorsión es un descubrimiento de belleza en la oscuridad, una claridad que nace no del momento de observar las moronas individuales de sonido, sino de cuando se escucha el borroso conjunto y se deduce de éste el tono puro y la armonía de la aleatoriedad a dicha claridad; la distorsión nos fuerza a echar un vistazo desde las cimas y ver la ilustración entera para poder entender lo que ocurre en cualquier momento. También es una metáfora para nuestra incapacidad de jamás percibir completamente el universo, advirtiéndonos que al descubrir centro de la distorsión encontraremos lo que está ocurriendo, incluso si no podemos verlo perfectamente. El arenoso y caótico sonido de la distorsión desafía nuestros contenedores lógicos que buscan la pureza pueril y en su lugar halla una realidad que, aunque nebulosa, es tan clara como si fuésemos puros.

La “ensalada de riffs” de las bandas de Metal es una manera de establecer que la música no es un circuito cíclico de versos-coros, similar a nuestro adentrar en el mundo de nuestros pensamientos y preferencias, sino un viaje en el cual nuestra lucha interior se compara con la exterior (casi como las jihads del Islam: la jihad menor es la guerra contra la ignorancia/infieles, y la más grande es la guerra por la claridad espiritual en uno mismo). El Metal es arte porque no predica una solución política, sino que nos muestra sus razones. Cuando esa clase de pensamiento superior falla, el Metal reincide en el ruido agradable y el hedonismo, pero nada más.

Una cosa es predicar, como políticamente, contra el ego. Otra cosa es mostrar un camino más allá del ego. “Sólo la muerte es real”, como el nihilismo en sí, es una manera de deshacerse de la “convicción” para comenzar el viaje del cual obtendremos el conocimiento para idenficar lo real de lo supra-real. Lo supra-real es esa dimensión donde yacen el heroísmo y la creatividad, donde uno ha aceptado los temidos atributos de la vida (m-u-e-r-t-e, enfermedad, escatología, sodomía…) y los ha sobrepasado viendo que aún lo no material/tangible merece importancia. Es este viaje el que la música Metal, la música clásica y todo gran arte describe. Comienza desde cero, como Satán exiliado del paraíso, y se sobrepone al resentimiento de la vida y el miedo a la muerte para ver la belleza en la oscuridad y regresar a la vida con el deseo de hacerla mejor. Es un reconocimiento de la distorsión inherente de nuestra percepción, y afinar nuestros oídos y mentes para ver más allá de ese titubeo.

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Al ser real sólo la muerte, el ego muere por un momento y vemos el mundo de forma general, lo que nos permitirá salir de la prisión de nuestra limitada perspectiva y re-afianzarnos a la vida que nos produjo y que produce todo lo que valemos. Es un estado hedonístico más alto que el hedonismo para amar a la vida y querer mejorarla mediante un mejor diseño. Es aquí donde el Death Metal se separó del Heavy Metal, y donde todo pensamiento que recompensa a las almas fuertes comienza.

 

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